El nuevo sistema visual de Coca‑Cola tiene como objetivo subrayar sus señas de identidad: el rojo intenso, la caligrafía Spencerian, la cinta dinámica y el bloque rojo Arden Square. El rediseño no reemplaza estos elementos, sino que les da mayor protagonismo y coherencia en los envases y en todos los soportes, desde una lata hasta una pantalla digital.

El rojo como centro de la identidad visual

La paleta rojo y blanco sigue siendo el corazón del sistema. El rojo gana mayor superficie y se vuelve más dominante en las latas, botellas y expositores minoristas, con el objetivo de reforzar el reconocimiento inmediato de la marca a distancia.

Este enfoque también facilita que el color se traslade con contundencia a entornos digitales y publicitarios: el rojo de Coca‑Cola está pensado para funcionar igual en una nevera de tienda que en un anuncio urbano o en una experiencia inmersiva. La marca describe el sistema como una forma de mantener la fuerza icónica del rojo en cualquier contexto.

Tipografía y Arden Square: identidad escalable

En lugar de introducir una tipografía nueva, el rediseño refuerza la escritura Spencerian, la caligrafía histórica de la marca, y el bloque rojo que la enmarca (el Arden Square, introducido en 1969). Ambos reciben ajustes de escala y proporción para que se perciban con más claridad en puntos de venta físicos y en plataformas digitales.

El Arden Square funciona como un contenedor estructural del logotipo y de otros elementos gráficos, proporcionando una base geométrica que ordena la composición. Con este marco, la marca busca que la identidad se sienta más estable y consistente en todos los mercados.

La Dynamic Ribbon como elemento de movimiento

La cinta dinámica, o Dynamic Ribbon, también se vuelve más prominente. Aparece con mayor tamaño y definición en los envases, y se utiliza como un activo clave para comunicar movimiento y frescura. En el nuevo sistema, la cinta ayuda a mantener la cohesión visual entre las distintas variantes de producto.

Coca‑Cola Zero Sugar: más integrada, pero con señales propias

Uno de los cambios más visibles se da en Coca‑Cola Zero Sugar. La versión Zero se acerca más al rojo y blanco de la Original, compartiendo la misma base cromática, pero mantiene algunos elementos distintivos para no perder diferenciación en el anaquel.

En el nuevo diseño, el texto “Zero Sugar” gana mayor tamaño y visibilidad, la Dynamic Ribbon se vuelve negra en las latas y las botellas PET incorporan un tapón negro. La intención es que la familia se lea como una sola marca fuerte, mientras el consumidor pueda distinguir la variante Zero gracias a estos detalles.

Arquitectura visual unificada

La arquitectura del sistema busca que todos los productos de Coca‑Cola se sientan parte de una misma identidad, sin sacrificar la legibilidad de cada variante. El resultado es una familia visualmente más compacta, con rules claras sobre cómo se aplican el rojo, el blanco, el negro y la tipografía en cada caso.

Coherencia y adaptabilidad digital

El rediseño también tiene en cuenta la adaptabilidad digital. Optimiza la tipografía, la fotografía y la animación para que los códigos visuales funcionen con la misma fuerza en una lata, un anuncio urbano o experiencias inmersivas. Esto permite que la marca mantenga una apariencia reconocible en cualquier soporte.

Un diseño que busca ser más icónico

El concepto general del rediseño se resume en la idea de “hacer Coca‑Cola más Coca‑Cola”. En lugar de reemplazar el logo, se le da mayor visibilidad a la tipografía Spencerian y a los bloques cromáticos para que resalten al instante en envases, aplicaciones y pantallas publicitarias.

La ambición es que la marca se sienta más unificada y contundente, con una identidad que se reconozca al instante en cualquier lugar.

Críticas: ¿Marlboro en una lata?

A pesar de la intención de la marca, la reacción en redes sociales no ha sido unánime. Desde el primer momento, muchos usuarios compararon la nueva tipografía con la de Marlboro, una de las marcas de cigarrillos más reconocidas del mundo.

Algunos comentarios ironizaron sobre la similitud: «Coca‑Cola y Marlboro tuvieron un bebé, y es una tipografía» o «Simplemente aceptaron que los refrescos son los nuevos cigarrillos». Diseñadores y especialistas reconocieron que, aunque técnicamente no es la misma fuente, las similitudes visuales son difíciles de ignorar.

Preocupaciones por la legibilidad y la salud

Otra crítica importante apunta a la posible confusión entre las variantes. Algunos usuarios señalaron que la nueva presentación podría dificultar la distinción rápida entre Coca‑Cola Original y Zero Sugar, una preocupación especialmente relevante para personas con diabetes que deben evitar el azúcar.

También se mencionó que la unificación cromática de la familia podría reducir la jerarquía visual entre sub‑marcas, haciendo que el conjunto se sienta más uniforme pero menos claro en el anaquel.

Diseño que genera debate

El rediseño ha generado reacciones polarizadas: desde el elogio por la coherencia y la elegancia del sistema, hasta la crítica por la similitud con marcas de tabaco y la posible pérdida de claridad para el consumidor.

En medio de este debate, Coca‑Cola insiste en que el cambio es visual y busca reforzar la identidad icónica de la marca, no crear confusión.