La prensa británica se refiere a esta serie como “spoof Epstein ads”, al señalar que el colectivo activista Everyone Hates Elon utiliza la figura de Jeffrey Epstein con las gafas de Meta como símbolo extremo de abuso y ausencia de consentimiento. Este reportaje analiza el contexto de esa pieza, el colectivo que la ideó, la relación con las gafas de Meta y el papel de empresas como JCDecaux en este tipo de intervenciones.

Contexto: las gafas inteligentes de Meta y la polémica
Meta lleva varios años impulsando dispositivos vestibles con cámara, primero a través de sus Ray-Ban Stories y, más recientemente, con una nueva línea de gafas inteligentes promocionadas en colaboración con Kylie Jenner. La propuesta combina diseño de moda con capacidades de captura de foto, vídeo y audio, además de funciones de asistencia con IA generativa.
La crítica se centra en el potencial de estas gafas para registrar a personas en espacios públicos sin que éstas lo sepan ni den su consentimiento, así como en el posible uso de ese material para entrenar modelos de inteligencia artificial masiva. Diversos medios describen el dispositivo como un avance en la «tecnología para voyeurs» o incluso lo apodan «pervert glasses» en alusión a su capacidad de grabar de manera discreta. Esta tensión entre moda, comodidad tecnológica y vigilancia cotidiana es el telón de fondo de las intervenciones guerrilleras en las marquesinas londinenses.
El colectivo Everyone Hates Elon (EHE)
Detrás del anuncio de Carnegie Street y de otras piezas similares está el colectivo de activismo de clase Everyone Hates Elon (EHE). Este grupo, con base en el Reino Unido, es conocido por intervenciones públicas en ambos lados del Atlántico, dirigidas contra figuras de la élite tecnológica y financiera como Elon Musk, Jeff Bezos y ahora Meta.
EHE utiliza la técnica del subvertising (subversión de la publicidad): reemplazar o superponer carteles comerciales con mensajes críticos que desmontan el discurso corporativo dominante. En el caso de las gafas de Meta, el colectivo combina recursos gráficos profesionales (fotografía, diseño tipográfico, impresión lenticular) con lemas contundentes y humor negro para poner en cuestión la normalización de la vigilancia cotidiana.
La campaña de guerrilla en las marquesinas de Londres
Según la cronología reconstruida por varios medios, la campaña de EHE se despliega a mediados de julio de 2026 en al menos dos paradas de bus cercanas a la sede británica de Meta. Los activistas llevan a cabo una campaña de guerrilla publicitaria y subvertising: intervienen los soportes comerciales de las marquesinas y los convierten en piezas críticas que, a simple vista, parecen anuncios legítimos, pero que cambian radicalmente visto desde otros ángulos o al leer el texto completo.
Una de las piezas más comentadas es un cartel lenticular con la imagen de Kylie Jenner, que al moverse alrededor de la marquesina se transforma en una figura esquelética y monocroma con el lema «Meta: We’re always watching». Otra pieza, difundida como «the biggest advance in pervert technology since the trenchcoat«, ironiza sobre el potencial de las gafas como herramienta para la observación sexual no consentida. La serie descrita como “spoof Epstein ads” se inserta en este mismo programa visual y discursivo, usando la imagen del financiero como símbolo del extremo de la cultura que “no hace consentimiento”
Carnegie Street: «Glasses for people who don’t do consent»
El anuncio de Carnegie Street se sitúa en una parada etiquetada con el nombre de la calle y el logotipo de JCDecaux, el gigante francés del mobiliario urbano. En el panel principal aparece el retrato de un hombre con gafas, acompañado del texto «Glasses for people who don’t do consent» y la marca «AI glasses | Meta».
Medios como The Times y otros canales informativos describen esta serie como anuncios que muestran a Jeffrey Epstein usando las gafas de Meta, dentro de una campaña más amplia contra los riesgos de grabación sin consentimiento. La asociación es deliberada: al vincular las gafas con una figura públicamente relacionada con abusos sistemáticos, el slogan «Glasses for people who don’t do consent» se convierte en una acusación directa a un modelo tecnológico y de datos que parece prescindir del consentimiento ajeno.
La presencia del logotipo de JCDecaux encima del cartel puede sugerir, a primera vista, que la empresa participa en la campaña o que ha aprobado su contenido. Sin embargo, los reportajes disponibles aclaran que se trata de marquesinas estándar sobre las cuales EHE ha instalado sus anuncios como parte de una acción de guerrilla publicitaria, sin que exista constancia de un acuerdo comercial específico con Meta ni con JCDecaux.
Las notas periodísticas mencionan las paradas de bus y el tipo de mobiliario, pero no recogen declaraciones públicas de JCDecaux referidas a estos anuncios concretos. Este silencio deja abierta la cuestión de hasta qué punto la empresa conocía o consintió la intervención, aunque por la naturaleza del subvertising cabe suponer que se trata de una ocupación inicialmente no autorizada.

Referencias culturales: «They Live» y la crítica al capitalismo de vigilancia
Varios artículos destacan que la pieza lenticular de Kylie Jenner parodia directamente la película They Live (1988), de John Carpenter. En esa cinta, unas gafas especiales permiten ver los mensajes ocultos de la propaganda y descubrir que la clase dominante son en realidad alienígenas que controlan a la población mediante estímulos subliminales.
Al transformar el rostro de Jenner en una calavera mientras el texto pasa de «Meta AI glasses» a «Meta: We’re always watching«, EHE invoca ese imaginario para sugerir que las gafas de Meta son una especie de interfaz para un sistema de control invisible. La referencia no sólo funciona como guiño cinéfilo, sino que articula una crítica al capitalismo de vigilancia, donde la recolección permanente de datos se vuelve condición estructural del negocio.
Privacidad, consentimiento y espacio público
Las reacciones mediáticas y en redes sociales se concentran en la amenaza que suponen las gafas de Meta para la privacidad en el espacio público. Informes citados por los activistas indican que Meta experimenta con dispositivos capaces de «grabar audio de forma continua y tomar fotos cada pocos segundos» sin indicadores evidentes de que la captura está ocurriendo.
Esta práctica choca frontalmente con los principios de consentimiento informado: peatones, trabajadores y usuarios del transporte público pueden ser grabados, fotografiados y convertidos en datos de entrenamiento de IA sin haber sido avisados ni haber aceptado dicha captura. El slogan «Glasses for people who don’t do consent» condensa, casi como un título acusatorio, esa crítica a un modelo tecnológico que presupone la disponibilidad total del cuerpo y la imagen ajena.
Guerrilla publicitaria y ética del diseño
La intervención en Carnegie Street y las otras piezas de EHE abren preguntas relevantes para el diseño y la publicidad contemporánea. Por un lado, muestran que los lenguajes visuales del marketing tecnológico pueden ser reapropiados para visibilizar sus efectos nocivos: las mismas herramientas de branding, fotografía de alta producción y tipografía limpia se repiten, pero giradas hacia la denuncia.
Por otro, ponen en evidencia la responsabilidad ética de diseñadores y empresas cuando sus productos se integran en circuitos de vigilancia masiva. Si gafas, cámaras, algoritmos y interfaces se conciben sin mecanismos robustos de consentimiento, transparencia y control por parte de las personas afectadas, el diseño deja de ser neutro y pasa a ser cómplice de prácticas potencialmente autoritarias.
El anuncio de Carnegie Street no es un simple cartel polémico, sino parte de una campaña elaborada de subvertising que busca poner en el centro del debate la cuestión del consentimiento y la vigilancia asociada a las gafas inteligentes de Meta. Al ocupar el soporte físico de JCDecaux y replicar la estética cuidada de la publicidad tecnológica, EHE inserta su crítica directamente en el flujo cotidiano de la ciudad, obligando a transeúntes y medios a confrontar las implicaciones sociales de estos dispositivos.
La decisión de usar la figura de Jeffrey Epstein en los anuncios descritos como “spoof Epstein ads” intensifica el mensaje: pone en relación una tecnología que puede operar sin consentimiento explícito con un caso emblemático de abuso y explotación. De este modo, piezas como «Glasses for people who don’t do consent» funcionan como recordatorio incisivo de que cualquier futuro tecnológico es también un campo de disputa política y ética, en el que la cuestión del consentimiento no puede relegarse a un detalle técnico.
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